Toda persona.Nadie

Instalación en el patio del Ilustre Colegio de Abogados de Córdoba

con motivo de su 250 aniversario

 

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos.

Declaración de independencia de los Estados Unidos de América de 1776

 

El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación.

Artículo 13 de la Constitución española de 1812

 

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos

Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948

 

Si me fuera otorgado leer cualquier página actual –ésta, por ejemplo– como la leerán en el año dos mil, yo sabría cómo será la literatura del año dos mil .

«Nota sobre o hacia Bernard Shaw» de Jorge Luis Borges en 1952

La voz de la lectura

En la cultura occidental encontramos tres tradiciones de Justicia. Una tradición nos dice que la justicia consiste en maximizar la felicidad o el bienestar colectivo: la mayor felicidad para el mayor número de personas. Esta es la filosofía utilitaria del filósofo político inglés Jeremy Bentham y más tarde de John Stuart Mill. La segunda tradición de justicia significa respetar los derechos individuales y, sobre todo, el respeto a la libertad de cada uno para escoger su propia concepción de la vida buena.

Esta segunda respuesta a la pregunta de qué sea la justicia, encuentra su expresión más poderosa en la filosofía del filósofo alemán del siglo XVIII Emmanuel Kant. En una tercera tradición, la justicia consiste en cultivar y promover la virtud cívica y el bien común. Esta forma de pensar sobre la justicia es, en cierto modo, la más antigua de la tradición filosófica occidental y se remonta a la filosofía de Aristóteles.

Cada una de estas tradiciones ha inspirado sus propios textos y cada época, inevitablemente, lee estos mismos textos desde su propio contexto histórico y cultural. Si el lector es un órgano judicial, el acto de leer se denomina jurisprudencia y el juez es un lector que escribe su propia lectura. La lectura es conocimiento, razón, discurso.

Nieves Galiot «lee mal» la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Al contrario del hipotético juez educado en «leer bien» los textos legales y emitir «una interpretación ajustada a derecho», aquí hay un deliberado cambio de contexto, hay algo muy parecido a lo que Walter Benjamin denominaba como la liberación del objeto de su envoltorio y la destrucción del aura. Armada de un pirógrafo, recuerda que todo está escrito y lo que llamas escribir / es ir quitándole palabras . Ahora la cuestión ya no es la corrección de la lectura sino el efecto productivo que esa lectura es capaz de convocar en el espectador. Nieves Galiot es una lectora que escribe su propia lectura. La lectura es producción, acto, creación: la poiesis griega, que con el tiempo se ha ido descargando de ese significado prosaico para llegar a la indefinible poesía.

 

Juan Bolaños Jurado